
El buen gusto de Pablo David Palacios Herrería (5 de febrero de 1982), se refleja desde pequeño, cuando decidió albergar en su corazón al Ídolo, haciendo crecer desde ya esa garra amarilla. Carlos Muñoz, Gilson de Souza y Alfaro Moreno eran sus modelos a seguir y poco a poco, definitivamente va consiguiendo pulir a su estilo, la técnica de aquéllos grandes.
Mas, sus pininos, los comienza como delantero (su puesto por excelencia) en las divisiones menores de la Liga Deportiva Universitaria de Quito.
Lamentablemente, sus entrenadores no tuvieron muy buen "ojo" y comienza a probar suerte en el Aucas.
Pasa el tiempo y se consolida finalmente en el Deportivo Quito, donde su magia en el fútbol y los goles a su haber, lo hacen merecedor de una de las mayores oportunidades de su carrera: jugar en el Grande.
Siempre apoyado por su madre y hermana, Pablo llega a Guayaquil con muchas expectativas y no le importan los cambios radicales (clima, casa, comida); sino que al contrario, eso es una meta más que superar.
Es un hombre que tiene muy presente los consejos de Inés, su mamá, que siempre le recalca que el fútbol es muy corto y debe rendir al máximo y además tener mucho cuidado en el plano personal, específicamente se refiere a ¡las mujeres!; porque es un tema muy complicado, ya que hay muchas chicas que lo podrían rondar por la fama o el dinero y en eso hay que ser cuidadoso.
Estudia el tercer nivel de Administración de Empresas, carrera que retomará después, ya que para él la educación es muy importante.
Cuando se enteró de que formaría parte de la constelación del B.S.C., su emoción, su alegría y hasta su incredulidad fueron inmensas. Lo supo un poco antes de terminar su contrato con el Deportivo Quito. Y como siempre, por supuesto, la Sra. Inés compartió con él una de las metas que desde hace mucho tiempo se había propuesto...y la cumplió...
Ahora su otro desafío es ser campeón con el equipo. ¿Lo logrará?
Yo apuesto a que sí....